- Vamos Dalila, que quiero tomarme un té.
- Cuída de tu hermana.
- Sí papá.
Cómo no, La Terra seguía siendo su lugar favorito para ir a tomar algo en agradables compañías. Lástima que ya no se pudiera fumar dentro. A la morena le encantaba cómo se difuminaba el humo de su tabaco mientras el olor del té rojo inundaba sus fosas nasales y se enfriaba lentamente.
Durante el camino no hablaron mucho, pero, cuando estaban apunto de llegar la hermana pequeña soltó algo inquietante y perturbador a los oídos de la morena.
- Dalila, te he traído por una razón hoy a La Terra.
¡ Mierda! Esas palabras calaron muy hondo y sólo pudo pensar lo peor...¡ Una cita a ciegas!¿ De verdad estaba tan desesperada por encontrarle un novio? No, no podía ser posible, debía tranquilizarse y guardar la calma, así, si sus sospechas eran ciertas, podría huir. Escasos tres minutos después de esas palabras que vaticinaban el fin del mundo, se sentaron al lado de una ventana. La morena, haciendo acopio de valor, decidió preguntar, lástima que la pequeña se le adelantó.
- Dalila, hoy he querido venir aquí por un motivo especial.
- Bueno... Desembucha-. Dijo la morena no muy convencida.
- Estoy preucupada-. "Ay Dios, tu que todo lo puedes..."- Por el año que viene.
- ¿Qué?-. La morena no creía haber escuchado bien a la niña de sus ojos-¿ Por lo del cambio de clase?
La chica que estaba sentada enfrente suyo bajó un poco la cabeza y se ruborizó levemente.
- Sí-. Admitió a media voz- Tengo miedo de que ya no sea lo mismo de siempre.
- Bueno, si sois amigas, no perdereís el contacto. Mira todo lo que nos ha pasado a Guri, Dana, Keybelin y a mi y lo unidas que estamos.
- Sí pero...¿ Y si yo no tengo tanta suerte?
- Bien, tu dale una oportunidad a tu nueva clase, puedes sorprenderte de la gente que encontrarás. Recuérdalo, las apariencias engañan. Y seguro que no tendrán tan mala ostia contigo como conmigo, a mi si que me dejaron sola. Pero por suerte me llevaba bien con mis nuevos compañeros, e ice nuevos amigos. Tu no te preucupes, las cosas no son tan malas como en realidad las vemos.
Su hermana esbozó una tímida sonrisa, de verdad a veces se le olvidaba cuán ingénua y sensible( aun que lo ocultaba muy bien) podía ser. Y al acordarse de su miedo inicial no pudo evitar reírse.
-¿ De qué te ríes mala hermana?
- Pensaba que me traías a una cita a ciegas.
- Tu sí que eres ciega... A parte de que no hay un hombre lo suficiente bueno para ti, con lo loca que estás al pobre hombre lo tendré en un pedestal. Si ya me cuesta a mi aguanterte y soy tu hermana...
- Grácias por tu apoyo...
Sus miradas castañas chocaron y no pudieron evitar reírse. Sí, siempre estaban picándose pero se querian con locura. Muy poca gente lo entendia pero la poca que lo hacía le encantaba, luchaban por conseguir la pulla más divertida, original y fresca, y la morena suponía, que era un combate digno de oír y ver. Ambas se pidieron dos tés rojos, y mientras el olor se escapaba por la ventana abierta al río, dejaron que las palabras y el amor que se tenian llenaran el resto de tarde que les quedaba, con unas hermosas fotografias en blanco y negro.
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